¿Cuál es el momento adecuado para tener un hijo?


El momento adecuado es cuando nos sentimos preparadas. Tener un hijo significa ver cómo el cuerpo cambia durante los nueve meses.

Se trata de un proceso que requiere calma y lentitud, en contraste con las prisas características de la vida de hoy en día. También precisa disponibilidad para saber transformarse, porque la maternidad es una experiencia que aporta una nueva identidad a la mujer.

La nueva mamá ya no será únicamente la hija de sus padres o la pareja de su compañero. Y es que, para convertirse en madre, una mujer, en cierto modo, debe sentirse “autorizada” a ocupar el puesto de la propia madre.
La experiencia de la maternidad sólo se debe afrontar cuando se tiene la certeza de haber superado la “larga adolescencia” en la que se tiende a permanecer actualmente (tanto en el aspecto mental como en el emocional). Superar la dependencia de la propia madre no es un paso que se da por hecho. Muchas mujeres se encuentran en esta situación, aunque tal vez hayan alcanzado una buena situación profesional, mantengan una relación estable y, a veces, incluso tengan hijos. Es un problema que se remonta a la infancia, cuando la mamá y la hija están unidas por un vínculo muy fuerte; tan fuerte, que la niña, alrededor de los ocho años, toma como modelo a su madre, se identifica completamente con ella y vive sus sentimientos, puesto que todavía no ha construido su propia autonomía emocional.

Después, entra en la adolescencia, una etapa que debería llevar a un distanciamiento y a la separación de la identidad de cada una. Sin embargo, algunas veces, esta fase importante y delicada no se completa, y hay algo que se queda en el aire. De esta manera, permanece una cierta dependencia emocional.

Todos estos sentimientos se deben superar cuando se decide tener un hijo, con el fin de no cargar al pequeño con la propia inseguridad ni transmitirle ansiedades inútiles. Por lo demás, no existe una edad mejor que otra para ser padres: cada edad tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo importante es que la mujer sienta que ha construido dentro de ella misma un “vientre psicológico” adecuado para acoger a un niño.

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