¿Dónde quedó el amor?


La conocida frase “se casaron y vivieron felices para siempre” no parece cumplirse en gran parte de los matrimonios reales, ni en los compromisos de unión libre. Para muchos, la experiencia ha sido: “se casaron y sufrieron para siempre”.

Mujeres golpeadas, hombres acosados por los celos enfermizos de una esposa insegura, infidelidades, humillaciones y gran variedad de maneras violentas de relacionarse, hacen pensar que el amor que los unió, hace tiempo que desapareció, si es que lo hubo y ahora todo es puro pleito.

Se pensaría que las parejas que nunca discuten no se encuentran en esta situación, sin embargo, puede tratarse de una falta de comunicación, cosa que en el fondo destruye también la relación. Quienes siempre tratan de ser “la pareja perfecta” nunca discuten, porque tienen terror al conflicto que les podría llevar a una separación. Jamás conocen las necesidades del otro, por lo que tampoco son capaces de apoyarse mutuamente. Las diferencias jamás se resuelven ya que ni siquiera salen a la luz. Este vacío de comunicación va lastimando la relación. Ambos se llenan de callados resentimientos y amarguras que resultan en una también callada hostilidad que provoca, con el tiempo, un rechazo a la intimidad sexual.  No es de extrañar que en estas circunstancias se dé la infidelidad.


Un factor que juega un papel importante en esta farsa es el qué dirán. Cómo los ve la sociedad a la que pertenecen es más importante que su bienestar.  El miedo a perder el prestigio es tan grande, que se sacrifica la felicidad; las necesidades y sentimientos de ambos pasan a tener una importancia meramente secundaria. Estas parejas no suelen acudir a terapia ni piden ayuda hasta después del derrumbe.

Un buen día, alguno de los dos se siente harto de hacer siempre “lo correcto” y decide tener un amorío en otro lado o simplemente se va. Para cuando esto ocurre, los dos son unos completos extraños. En realidad, su proceso de separación ha tomado más tiempo que la relación misma. Ser pareja va más allá de llevar a cabo una rutina. Es un proceso continuo, imposible de llevar a cabo si sus integrantes no se conocen, si reprimen sus sentimientos y necesidades.

Sin intercambio de inquietudes no hay una relación; sólo hay dos que viven en soledad y amargura en un ambiente hostil… y esto es otra forma de violencia.

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