Aprende a despertarte


despertador

De poco serviría culminar ocho horas de plácido sueño con un mal amanecer, pero saber despertar es un arte que tiene más técnica de lo que pensamos. ésta es una guía práctica para conseguir, que cada despertar sea un nuevo nacimiento.

Muchos expertos aseguran que podemos reeducar la voluntad para despertar a la hora deseada y, por tanto, de forma nada traumática. Pero lo cierto es que solemos recurrir a un despertador estridente o un radio-reloj que nos da los buenos días con noticias de desastres o músicas imposibles. La mejor opción es la luz del sol, que equilibra nuestros ritmos biológicos y estabiliza los ciclos de nuestros organismo. Cuando la aceleración de la vida moderna nos obliga a levantarnos antes de que salga el sol, podemos recurrir a los despertadores de luz capaces de simular un amanecer en nuestra alcoba. Desde los primeros “rayos”, el hipotálamo recibe el mensaje de que es hora de salir del sopor. Según aumenta la intensidad lumínica, la actividad eléctrica del cerebro experimenta una transición natural y delicada del sueño profundo al ligero, y al despertar completo.

Ya con los ojos abiertos, estira brazos y piernas todo lo que puedas, para después provocar un bostezo… largo, pronunciado y lleno de vocales. Sin levantarte de la cama, con los pies juntos, tobillo con tobillo, estira la pierna derecha, como si desearas prolongarla. Siente la extensión desde la cadera hasta el pie; la pierna se alargará unos centímetros. Conserva la postura un minuto; luego relájate y repite el ejercicio con la pierna izquierda. Así estiras la columna vertebral y entonas los nervios del sistema simpático, lo que produce un efecto rejuvenecedor en la fisiología.

El paso de la horizontalidad a la verticalidad debe ser lento, de lo contrario puede producirse un choque en el sistema nervioso y sobrevenirnos un leve mareo. Así, aunque tengas prisa, date unos minutos para volver a este mundo desde el umbral del otro. La música suave se postula como la mejor compañía para este tránsito. Los animales nos dan un buen ejemplo de cómo hacerlo con naturalidad. Un perro o un gato, nunca dan un brinco, a menos que algo les alarme. Bostezan y se estiran hasta desperezarse del todo.

Ya en pie y después de lavarte los dientes y la lengua, bebe a sorbitos y en ayunas un vaso de agua tibia con una rodaja de limón para proporcionar al organismo toda la hidratación que pierde durante la noche.

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