Aprovecha la ducha al maximo.


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Si es de los pocos momentos que reservas para ti y sólo para ti, piensa cómo amortizalo para incluir todas tus rutinas de belleza. Te damos unas cuantas pistas para hacer de una simple ducha un auténtico tratamiento de belleza. Sin salir de casa, en tu propio cuarto de baño y con tus productos, dedicándole tiempo y sacando pleno partido al agua y a los aromas.

Primer objetivo, piel perfecta:

No solo el cuerpo, también la cara puede beneficiarse de la ducha, convirtiendo el cuarto de baño en una sauna. Primero de nada, limpia tu piel. Aprovecha que estás bajo el agua para utilizar jabones y geles que dan más pereza en el lavabo. Si tienes tiempo, exfolia tu piel para que, libre de células muertas, absorba bien los beneficios del tratamiento que le apliques después. Con la piel libre de impurezas, deja correr el agua caliente para que el vapor inunde la estancia y aplica una mascarilla adecuada a tu tipo de piel. Hidratante si es seca, astringente si es grasa, calmante si está irritada y pro-luminosidad si estás cansada. El vapor abrirá el poro dejando el cutis en las mejores condiciones de receptividad para asimilar los principios activos contenidos en el preparado. Déjala actuar de 10 a 15 minutos. Evita el contorno de los ojos y de la boca y retírala al término con agua fría para cerrar el poro.

Nutre a fondo tu pelo

La clásica mascarilla para hidratar y nutrir tu pelo hoy se declina en serums capilares, ampollas, emulsiones. Muchas de ellas no se deben aclarar, pero si eliges el sistema clásico de mascarilla que necesita quedar expuesta unos minutos, la ducha es el mejor momento porque puedes aprovechar ese tiempo para hacer otra cosa como depilarte, preparar los pies para la pedicura, aplicarte una mascarilla en el cuerpo, etc.

El momento de pulir la piel:

Puedes limitarte a enjabonar la piel con una esponja corriente o aprovechar para pulirla con un producto exfoliante, que además elimine células muertas. La exfoliación es un paso previo para cualquier tratamiento que tiene beneficios adicionales: de una parte, refina la epidermis, ilumina, suaviza, alisa, activa la circulación y cierra el poro. De otra, la deja preparada para acusar los beneficios de tratamientos posteriores porque la limpia en profundidad liberándola de queratinocitos excedentes, exceso de sebum, etc. Además, es un gesto agradecido porque se ve y se nota al instante. Puedes realizarlo con un guante de crin o con un cepillo, friccionando suavemente y sin irritar, realizando movimientos rotativos y ascendentes e insistiendo en codos, rodillas y tobillos que son zonas hiperqueratósicas por excelencia. Hazlo en seco o con un producto que puede sustituir al jabón, como los geles de baño exfoliantes.

Una ducha estimula la circulación:

La exfoliación en sí misma es bastante estimulante. Para completarla, elimina los restos de producto con una ducha tonificante. Deja correr el agua caliente unos diez minutos por el cuello para relajar la cervicales y acaba con un buen chorro de agua fría, que despierta a un muerto. Puedes incluso focalizarlo a presión sobre las zonas con celulitis para movilizar la grasas, que es una práctica habitual en los centros de talasoterapia y se conoce como chorro subacuático. Asímismo, el pecho se verá beneficiado si eres capaz de darte un masaje en movimientos circulares con el agua de la ducha lo más fría que aguantes.

Purificar entre vapores:

Habrás oído hablar de los barros, si no los has probado ya. Son tratamientos comunes en los centros termales que consisten en cubrir el cuerpo con un lodo específico de algas, parafina, etc, rico en principios activos. Por lo general se dejan en exposición, cubriéndolo con un plástico osmótico y una manta para que actúen. Sus beneficios dependen del contenido químico de la mascarilla, pero en general sirven para activar la circulación, drenar toxinas, purificar, limpiar la piel en profundidad, suavizar, etc. Tu también puedes llevar este tratamiento a cabo, aunque resulte un poco engorroso. Merece la pena intentarlo dada la suavidad y nutrición que proporcionan. Aplica mascarillas de fangos en el pelo, en el cuerpo -sobre todo en piernas y caderas o en la espalda- e incluso en la cara, evitando labios y contorno de ojos. Eso sí, prepárate a aclarar bien abundantemente.

Dejar la piel hidratada:

Tras la ducha, no dejes la piel al descubierto. Es preciso reponer el filme hidrolipídico que la protege del exterior, la plastifica y le aporta elasticidad. Recurre a una hidratante para el cuerpo o un aceite. Con la piel limpia y exfoliada, notarás sus efectos de inmediato, no en vano se encuentra sin células muertas que dificulten la penetración de los principios activos. Aprovecha para trabajar la celulitis con un producto específico o un aceite de baño. Puedes rentabilizar la operación realizando movimientos básicos de masaje. Ten en cuenta que el masaje no solo hace penetrar los productos, también mejora la circulación, combate el estrés, relaja los músculos y estimula el sistema linfático. Debe ser constante y uniforme, más vigoroso en la musculatura y más suave en las zonas óseas. Como origina ondas de relajación que se propagan por todo el cuerpo, hay que concentrarse en la operación. Trabaja las zonas tensionadas que se detectan por la rigidez o la presencia de pequeño bultos bajo la piel. Para no hacer lo que no debes, realiza deslizamientos rotativos y ascendentes con las palmas de las manos.

¡Depílate bajo el agua!

Con la clásica cuchilla, con las mejores cremas depilatorias e incluso con tu máquina eléctrica. Las opciones son todas válidas.

Relajarte:

A pesar de que la tenemos asociada a un gesto refrescante y estimulante, la ducha también puede ser relajante. Deja que caiga sobre las vértebras cervicales agua tibia y que, poco a poco, vaya saliendo más caliente. No te aclares con agua fría, seca suavemente tu piel con una toalla y, durante unos instantes, reposa acostada o sentada.

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