Cinco claves para tener una piel suave.


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¿Alguna vez has pensado que la piel de tu rostro no tiene nada que ver con la del cuerpo? En cierto modo, no te falta razón. La piel del cuerpo puede ser tan fina como la de los párpados o tan gruesa como la de las plantas de los pies: el organismo ajusta su grosor y características a sus necesidades.

  • Hidratación ¡siempre! : Por su falta de glándulas sebáceas, los brazos y las piernas suelen mostrar síntomas de sequedad, como tirantez o incluso descamación. Por eso es importante aplicarse a diario una buena hidratante, a ser posible tras la ducha y con la piel húmeda para que así la crema actúe como una barrera que “sella” el agua dentro de la piel.

  • Ojo con el tiempo. Evita los baños muy prolongados, que sólo sirven para deshidratar la piel. Si te gustan, puedes hacerlos más hidratantes añadiendo aceites.

  • Los aceites, buenos aliados. Cuando tengas tiempo, puedes llevar a cabo esta sencilla “mascarilla” corporal: tras la ducha, y con la piel aún húmeda, extiende un aceite de cuerpo de pies a cuello y, cuando haya penetrado ligeramente, aplica una capa generosa de crema hidratante por encima.

  • Sin excesos. No abuses de la limpieza: los jabones pueden resultar muy agresivos y secar la piel en exceso.
  • Por partes. Si te duchas varias veces al día (por ejemplo, tras el gimnasio), no te enjabones todo el cuerpo, sólo las zonas que necesitan una mayor higiene, como las axilas, y usa siempre geles neutros.

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