Cuatro falsos mitos sobre el acondicionador


No siempre es fácil incluir un nuevo aliado en nuestra rutina de belleza, pero la verdad es que, si conoces sus beneficios, tal tal vez te plantees hacer un hueco al acondicionador para tu cabello. “Tiene la habilidad de ayudar a proteger los daños y repararlos.

Cualquier persona con pelo más largo de 10 centímetros, independientemente de su tipo de pelo, experimentaría los beneficios de usarlo. Y es que los beneficios son muchos: el pelo acondicionado es más fuerte contra el daño, más resistente, de aspecto sano y suave, brillante y más sencillo de peinar.

Falsos mitos
Sin embargo, existen determinadas verdades a medias que hacen que algunas mujeres se resistan a usarlo. principalmente por el efecto que tiene en su cabello. Muchas de las personas que dicen que el acondicionador les deja el pelo con sensación de pesadez no han vuelto a utilizarlo desde las primeras fórmulas o lo están usando de forma incorrecta. Y es que las fórmulas han mejorado con el objetivo de aumentar la sensación de ligereza, con el objetivo básico de un pelo más suave, brillante y con menos electricidad estática. Y no hay que olvidar que el modo en el que se aplica es clave para conseguir resultados, evitando las raíces, que normalmente no necesitan hidratación.

  • ‘Me engrasa el cabello’. Siempre que lo usemos correctamente, es decir, aplicándolo desde la mitad a las puntas y nunca en la raíz, el pelo no se engrasará.

  • ‘Me deja el pelo sin volumen, como aplastado’. Lo cierto es que los acondicionadores de hoy en día no producen este tipo de efectos. Su objetivo es hidratar y potenciar distintos acabados: favorecer el alisado, definir el rizo, dar cuerpo al cabello…
  • ‘Sólo es necesario usarlo cuando el pelo está seco o castigado’. El acondicionador tiene una función reparadora, pero también una preventiva, pues ayuda a proteger el cabello de los factores externos que pueden dañarlo (secador, sol…).
  • ‘Resta brillo a mi pelo’.Otra de las funciones del acondicionador es cerrar la cutícula –la capa más superficial del cabello- consiguiendo que ésta, al ser una superficie lisa, aumente el reflejo de la luz y, por tanto, el brillo en el cabello.

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