Deshazte de tus malos hábitos


Probablemente lo que traes puesto te hace ver estupenda; tu maquillaje y peinado son perfectos; pero aún así sales a la calle y ni el perro te ladra. Tal vez no es tu aspecto lo que a los demás les molesta, sino tus malos hábitos. Así que ¡atácalos cuanto antes!

¿Te comes las uñas?

Al comerte las uñas reflejas una “pésima” imagen, pues te proyectas como descuidada, impaciente e indecisa. Asimismo, muestras inseguridad ante las broncas que se te presentan a diario.

La solución: Puedes partir un chile y untarte un poco de su jugo; o bien, aplícate barniz de ajo en las uñas; así, cada vez que tengas ganas de mordértelas ¡te darás una enchilada de aquellas!, o simplemente tendrás un mal sabor de boca que te recordará lo mal que te ves.

Tienes un lenguaje muy “florido”

Decir groserías se ha hecho tan común que cuando dices “güey”, tus amigas no saben ni a quién te refieres, ¿a poco no? Desafortunadamente estas palabras ya no son exclusivas de los chavos y aunque hay algunos que opinan que no es muy femenino repetirlas, por querer parecerte a tus cuates, olvidas expresarte correctamente, incluso frente a los adultos y, la verdad, no te escuchas ¡nada bien!

La solución: Puedes ponerte de acuerdo con tus amigas para crear el llamado “bote de las groserías”, algo así como un cochinito en el que todas depositen cinco pesos cada vez que alguna diga una mala palabra. Créenos que te dolerá tanto el codo, que te esforzarás por cuidar tu vocabulario. Ahora que si tienes mucha fuerza de voluntad, trata de controlarte por ti misma.

¿Dejas todo para mañana?

A todas nos dan ataques de flojera, eso que ni qué; pero si de plano ya es un estado permanente en ti, sólo provocará que te vean como una persona aburrida e indecisa.

La solución: Busca el lado divertido de las cosas; piensa que si cumples con todas tus responsabilidades, tendrás el resto del día para otras actividades, como salir con tus amigas o con tu galán; además, ya no te castigarán ni te echarán sermones. Así que ¡ponte las pilas!

Demasiado impuntual

Tienes una cita con tu galán, te quieres poner taaan guapa que a la hora de arreglarte te tardas horas y por lo mismo llegas tarde; estás tan acostumbrada a decir “lo siento” que crees que con esta frase todo el mundo te perdonará.

La solución: Procura jugar con las matemáticas –aunque no te gusten– y antes de acordar el horario de tu próxima cita, calcula el tiempo que necesitas para llegar. Si requieres de media hora para arreglarte, añade 15 minutos extra para resolver cualquier desastre con tu cabello o con la ropa. Un buen tip es que actives la alarma de tu despertador, sólo así estarás alerta y evitarás entretenerte con tonterías de última hora.

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