Estreñimiento


Poco ejercicio físico, mala alimentación y estrés son síntomas de la vida moderna, pero también causas de enfermedades que pueden hacer que nuestra expectativa de vida se reduzca, como el estreñimiento, que puede derivar inclusive en cáncer.

estreñimiento.jpg Prácticamente cualquier habitante de toda gran ciudad es propenso a padecer estreñimiento, ya que es más frecuente que se descuiden aspectos esenciales de la salud, como un buena alimentación y el consumo de al menos 2 litros de agua diariamente. Lo anterior es indispensable para poner en actividad al aparato digestivo y provocar que lo que hemos comido sea evacuado de manera normal, es decir, entre tres deposiciones al día y tres semanales, según afirman los médicos.

De manera que, si no evacuamos durante uno o dos días no quiere decir que suframos esta enfermedad, pero entramos en la categoría sí la consistencia de las heces es muy dura, si existe la sensación de no haber evacuado completamente o si, en ocasiones, hay dolor al defecar e inflamación del estómago.

El estreñimiento no es más que el almacenamiento de las heces en el colon más tiempo del que se considera normal, por lo que el proceso de descomposición de los alimentos se prolonga en esa parte del intestino y, a largo plazo, puede generar cáncer de colón o aumento de colesterol en la sangre.

Este padecimiento es más frecuente en personas mayores y mujeres (sobre todo embarazadas). En las primeras, se debe a la acción de medicamentos para otras enfermedades, comida con poca fibra, beber poca agua y permanecer mucho tiempo sentado o en cama. En cambio, la explicación en cuanto a las mujeres se relaciona más con aspectos emocionales justificados, pues si no encuentran condiciones que les brinden confianza y tranquilidad -un baño limpio y agradable como el de casa-, evitan evacuar, razón por la que muchas veces sufren al estar de viaje o cambiar de residencia. En el mismo rubro son factores desencadenantes nerviosismo, angustia o miedo.

Algunas personas se estriñen (o constipan) por ingerir ciertos medicamentos, como antidepresivos o tranquilizantes, analgésicos, antiácidos, antihistamínicos (para el tratamiento de alergias) y antihipertensivos (para controlar la presión arterial alta), entre otros. En menor proporción puede originarse por algunas enfermedades crónicas, como diabetes mellitus, hipotiroidismo (mal funcionamiento de la glándula tiroides) e insuficiencia renal (problemas en los riñones), así como por alteraciones en el tubo digestivo, como irritación de los intestinos y tumores de colon.

Lo primero que se debe corregir para terminar con el estreñimiento es la alimentación inadecuada, en otras palabras, la que es rica en grasas animales (carnes, lácteos, huevos), azúcares refinados (dulces), pobre en fibra y escasa ingestión de líquidos. Así, debemos incorporar en nuestra dieta cereales, frutas (higo, kiwi, ciruela, naranja, papaya, piña, pera), verduras frescas (lechuga, espinaca, berro y demás vegetales de hoja verde), legumbres y frutos secos (como ciruela pasa).

Alimentos elaborados con harina integral, como pan, pastas y galletas o trigo entero y avena, así como vegetales crudos o cocinados al vapor igualmente son muy recomendables. El salvado, por su parte, es una fuente de fibra cinco veces más efectiva que la harina integral, la cual se comercializa en forma de comprimidos o a granel; basta una cucharada sopera diaria, pero, cuidado, pues el consumo desmedido de esta cascarilla puede llegar a producir gases estomacales (eructos) o intestinales (flatulencia), inflamación estomacal e incluso diarrea.

Ahora bien, otra alternativa la constituyen los laxantes (o purgantes), que bajo prescripción médica ofrecen muy buenos resultados. El diccionario los define como aquellos elementos, naturales o sintéticos, que producen aumento del ritmo intestinal generando mayor frecuencia en las deposiciones. Su acción consiste en aumentar la movilidad de los músculos de la pared intestinal, y los principales tipos son:

Estimulantes, los cuales actúan directamente sobre las terminaciones nerviosas del intestino, especialmente en el colon; su efecto se aprecia 6 a 12 horas después de consumirlo; son muy eficaces, pero no se recomienda su uso prolongado.
Emolientes. Disuelven los residuos grasos con el agua intestinal, logrando que las heces se ablanden y sean eliminadas con facilidad.
Lubricantes (como aceite de oliva) cubren de grasa las heces, impidiendo que pierdan agua y haciendo más fácil su eliminación.
Otro grupo de laxantes producen aumento del bolo intestinal, por lo que se favorece su eliminación, pero tardan varios días en hacer efecto.
Físicos, como supositorios de glicerina y aceite de ricino, que estimulan a nivel del recto los reflejos nerviosos de la defecación.
El uso de purgantes sintéticos durante periodos prolongados es muy peligroso, pues estas excitaciones repetitivas conducen a que el instinto deje de tener estimulación propia y se vuelva rígido (espástico), en otras palabras, que deje de hacer su trabajo. Igualmente dañino es que el organismo se acostumbre al producto que, al suspenderlo, provocará la reaparición del estreñimiento.

Es importante mencionar que una constipación que no reciba atención oportuna seguramente derivará en la aparición de hemorroides, fisuras o rasgaduras en el ano, sangrado debido a las deposiciones duras que fuerzan los esfínteres (músculos que permiten la apertura de la cavidad por donde se expulsa el excremento) y que una parte del intestino salga por el ano (prolapso rectal).

¿Qué puedes hacer para evitar el estreñimiento? Consumir agua y líquidos en general (2 litros diarios mínimo), ya que provocan aumento de movimientos evacuatorios, y practicar ejercicio físico, pues éste ayuda a fortalecer músculos abdominales y estimular la labor realizada por el colon. Por ningún motivo retrase la visita al baño cuando sienta ganas de evacuar, y procure acostumbrar a su organismo a hacerlo siempre a la misma hora.

2 Comments

Add a Comment