Para la diabetes un pastel de nopal.


Investigadores del Instituto Politénico Nacional (IPN) desarrollaron un pan dulce denominado “nopanque”, enriquecido con harinas de amaranto y soya, el cual ayuda a controlar la diabetes y reducir los niveles de glucosa.

cactus.jpg El objetivo del producto, de acuerdo con sus creadores, es brindar una alternativa alimenticia para quienes padecen diversos tipos de diabetes enfermedad que constituye la segunda causa de muerte en el país, de la cual se registran 300 mil casos al año, según datos de la Secretaría de Salud (SSA) federal.

Los profesores Arturo Carreño y Camacho, Imelda Fajardo y Felipe Basilio, del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15, explicaron que en la actualidad más de 10% de la población total de México padece diversos tipos de diabetes y ocho de cada 10 mexicanos registran altos niveles de colesterol en el organismo.

Arturo Carreño comentó que el “nopanque” puede contribuir a mejorar la salud de personas de la tercera edad y de bajos recursos, quienes tienen están más propensos a desarrollar diabetes y colesterol alto.

“Los resultados han sido favorables en personas con estos padecimientos; hasta ahora lo han probado unos 500 pacientes, quienes se pueden dar el gusto de probar un postre sin tener que romper con su dieta y al mismo tiempo mantener una buena digestión y conservar su peso y talla”, expuso Imelda Fajardo.

En su oportunidad, Arturo Carreño y Camacho dijo que el “nopanque” se suma a otros productos elaborados a base de nopal como tortillas, gelatinas, cápsulas y botanas, los cuales no perjudican la salud.

Debido al éxito de los productos, personas diabéticas y con altos niveles de colesterol de Canadá, Estados Unidos y Alemania, los solicitan periódicamente para mejorar su calidad de vida, destacó Felipe Basilio.

Los profesores del IPN anunciaron que crearán una microempresa para producir y vender sus alimentos, para lo cual iniciarán los trámites en el Centro de Incubación de Empresas de Base Tecnológica del Politécnico.

Via El economista

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